El capítulo 387 de Sueños de Libertad se sumerge en un momento de gran carga emocional que refleja, como pocas veces, el choque entre el triunfo profesional y el dolor íntimo de una ausencia imposible de ignorar. Marta y Carmen se convierten en las protagonistas de una escena que, aunque en apariencia cotidiana, esconde una profundidad que revela no solo la vulnerabilidad de Marta tras la marcha de Fina, sino también la importancia del apoyo humano en tiempos de quiebre.
La secuencia arranca con Carmen compartiendo la noticia de un éxito: el proyecto en el que han trabajado ha salido adelante con una repercusión notable. Ese logro debería ser motivo de orgullo y celebración, pero para Marta la alegría resulta incompleta. En lugar de apropiarse del reconocimiento, lo primero que hace es trasladar el mérito a Fina. El gesto es revelador: incluso en medio de una victoria que podría marcar un antes y un después en su carrera, la mente y el corazón de Marta permanecen atados a la mujer que ya no está a su lado. Este detalle muestra cómo la huella de Fina se proyecta en cada aspecto de su vida, hasta el punto de transformar lo que podría ser una satisfacción laboral en un recuerdo doloroso.
Carmen, que percibe la melancolía de Marta, intenta consolarla con sensibilidad. Le ofrece un pensamiento cargado de esperanza: en algún lugar, en algún momento, Fina verá el anuncio del perfume Pasión Oculta —la fragancia que Marta ha lanzado—, reconocerá la fotografía y entenderá que el nombre no es casual, sino un guiño directo a la pasión que ambas compartieron. En ese instante, el perfume deja de ser un simple producto y se convierte en un homenaje, en un recordatorio íntimo y profundo de un amor que sigue vivo aunque la distancia y el silencio lo atraviesen. Carmen logra darle a Marta la ilusión de que ese vínculo aún puede resonar en la vida de Fina, convirtiendo lo profesional en algo mucho más personal.
Marta agradece las palabras, pero Carmen insiste en reconocerle el esfuerzo. Si bien habla del trabajo en equipo, deja claro que Marta ha sido el motor y la líder indiscutible detrás del lanzamiento. Sin embargo, este reconocimiento, lejos de reconfortar por completo, abre la puerta a una confesión. Marta se sincera como pocas veces y admite que ya no disfruta de su trabajo, que siente como si se moviera en un mundo que ya no le pertenece, como si el sentido que antes le empujaba hubiera desaparecido. La ausencia de Fina no solo le ha robado la alegría, sino también la motivación profesional, llevándola a plantearse seriamente un descanso, un paréntesis que le permita recomponer su ánimo y reencontrarse consigo misma.
Este momento de vulnerabilidad marca uno de los puntos más fuertes de la conversación. Marta, siempre caracterizada por su firmeza y determinación, se muestra desgastada, sin fuerzas, como si estuviera perdiendo la esencia de quien solía ser. Carmen, sin embargo, no la deja hundirse en esa espiral. Con un tono calmado pero firme, le recuerda las cualidades que siempre la han definido: su capacidad de liderazgo, su empuje, su valentía. La anima a mantenerse ocupada, a no dejarse arrastrar por el vacío de la tristeza, recordándole que incluso en los momentos más oscuros ella ha demostrado tener una fortaleza capaz de sobreponerse a todo.
Marta escucha, pero no oculta su realidad: sin Fina, se siente incompleta, desprovista de esa energía que antes la movía. Y es aquí donde Carmen brilla como amiga y confidente. Le dice con ternura que, si a Marta le faltan fuerzas, entonces será ella —y todas las personas que la quieren— quienes se las presten. La frase se convierte en una declaración de lealtad y de apoyo incondicional. Marta no está sola, aunque así lo sienta. Tiene una red de afectos que, si bien no puede reemplazar el vacío que dejó Fina, puede sostenerla en sus momentos más frágiles.
La escena, cargada de silencios significativos y miradas cómplices, avanza hacia lo cotidiano, pero sin perder el tono íntimo. Carmen le recuerda que tienen una cena pendiente en la casa de Marta, aunque admite que entiende perfectamente si ella no se siente con ánimos para reuniones familiares. Marta confiesa que, en efecto, no tiene fuerzas para esos encuentros, aunque al mismo tiempo sabe que le debe a Carmen una celebración por el éxito de la presentación del perfume. La dinámica entre ambas se mueve entre la delicadeza y la complicidad, mostrando cómo la amistad puede ser un refugio cuando el amor se convierte en ausencia.
La despedida de Carmen deja un aire de calidez y de gratitud. Su presencia, sus palabras y sus gestos han funcionado como un bálsamo temporal para Marta, quien se despide sabiendo que, aunque su corazón aún sangra por la falta de Fina, no está completamente desamparada. La conversación, en apariencia sencilla, revela capas profundas: el contraste entre la euforia de un logro profesional y la tristeza de una vida personal vacía, la importancia de los pequeños gestos de consuelo, y la certeza de que la amistad puede convertirse en el sostén que permite seguir adelante incluso en medio del dolor.
El episodio, con esta escena, subraya un tema central de Sueños de Libertad: la dualidad entre los sueños cumplidos y las pérdidas que marcan el camino. Marta consigue un triunfo laboral que debería significar plenitud, pero ese éxito se tiñe de gris porque no puede compartirlo con quien más desea. En contraste, la figura de Carmen encarna el valor de la amistad leal, la que no sustituye al amor, pero sí acompaña y da fuerzas cuando parece que todo lo demás se derrumba.
En conjunto, el capítulo 387 deja al espectador con una sensación agridulce. Por un lado, la satisfacción de ver a Marta alcanzar un hito importante en su carrera, y por otro, la tristeza de comprobar cuánto pesa la ausencia de Fina en cada aspecto de su vida. La fragilidad de Marta se vuelve palpable, pero también su capacidad de rodearse de personas que la quieren y que no la dejarán caer. Es un recordatorio de que los logros materiales pierden su brillo cuando no pueden compartirse con quienes amamos, y de que, en momentos de dolor, los lazos de amistad pueden convertirse en la tabla de salvación más poderosa.